El miedo a la obscuridad es un miedo muy común. Casi todo
niño tiene un periodo en que debe dormir con algún tipo de luz por no querer
adentrarse a este mundo extraño y hostil que provoca la obscuridad, pero en la
mayoría de lo casos es solo una etapa, algo pasajero.
Este no es el caso de Arturo
Valdés, o Arturito como sus padres lo llamaban. Arturito era un niño como
cualquier otro, era hijo único de un padre abogado y una madre dentista, de
ninguna manera millonarios pero nunca les faltó nada esencial.
A los 6 años sus
padres cometieron el error de ver una película de terror llamada “El Espanto“
con él dormido junto a ellos, pensando que como estaba dormido no se iba a asustar,
creyeron que no iba a haber ningún problema, en medio de la película Arturito
exclamó un grito agudo y terrorífico, acabando con la torpe teoría de sus
padres.
Su madre muy apenada consolando a su hijo le permitió
quedarse a dormir en su cama pero la noche pasó lentamente pues la presencia de
sus padres no fue suficiente consuelo para Arturito ya que apenas se dormía,
distintas escenas de la película aparecían en su cabeza en forma de pesadilla
haciendo que su mente en modo de defensa despertara al niño profiriendo gritos
de auxilio.
Para angustia tanto de Arturito como de sus padres estas
pesadillas no se detuvieron ni en una semana ni en un mes, la salud de Arturito
comenzó a verse comprometida por la falta de sueño y sus padres de manera
responsable aceptaron que ellos no podían ayudar a su hijo por lo que
decidieron contratar a una psicóloga amiga del padre.
En la primera sesión Arturito junto a sus padres se sentaron
junto a la psicóloga en su consultorio, un lugar bastante grande con muchos
sillones muy cómodos. Desde el primer momento esta psicóloga eliminó cualquier
barrera jerárquica presentándose tan solo como “Dome“ , por supuesto,
abreviatura de Doménica, hizo esto para convertirse en amiga de su nuevo
paciente para que este pueda tenerle confianza.
Sus padres explicaron brevemente su situación y Doménica
entendió a la perfección lo que debía hacer, en un acto casi bromista le dijo a
Arturito que ella había visto la película “El Espanto“ y que también la había
asustado muchísimo.
Finalmente les pidió a sus padres que se retiren para poder
comenzar la sesión, sus padres esperaron en una pequeña salita afuera del
consultorio de Doménica por casi dos horas. Cuando su hijo salió, salió
claramente feliz pues había pasado todo
ese tiempo jugando con los juguetes de “Dome“ y hasta le había regalado uno.
Sus padres acordaron que estas sesiones se repetirían dos veces por semana,
pero para desconsuelo de ellos las noches solo empeoraban y empeoraban.
Un mes y ocho sesiones después los padres de Arturito se
sentían estafados por el trabajo de Doménica, pero en la novena sesión, Dome
hizo un cambio. Jugó con Arturito por solo media hora y dijo que ya había
escuchado suficiente, ahora intercambiaron lugares, Arturito iba a esperar
afuera y sus padres iba a estar en el consultorio con la psicóloga.
Al principio pidió disculpas por el poco o el ningún
progreso que había tenido con su hijo, afirmó que por la amistad que tenía con
el padre hasta que este progreso no sea notorio no pensaba cobrar un centavo y
prosiguió con su diagnóstico.
Al principio le costó un poco hacer que Arturito confíe
completamente en ella, fue desde la cuarta sesión que el niño había comenzado a
contarle lo que soñaba, después de que la confianza ya estaba formada, Doménica
confesó sentirse muy confundida precisamente lo que le contó su paciente.
Arturito hablaba de ciertas escenas de la película en que
soñaba y que simplemente lo aterrorizaban, al principio Doménica se había sentido
un poco desconcertada con esos relatos por lo que volvió a ver “El Espanto“ la
película que había despertado todas esas pesadillas pero por más que la repetía
y la repetía no encontraba esas escenas, Arturito afirmaba que sus pesadillas
eran de esa película pero Doménica estaba segura de que esto no era verdad.
Después de comprobar que la película no era responsable de
las pesadillas, Doménica había llegado a otra conclusión, una mucho más grave y
era que la propia mente del niño estaba en su contra, su propia imaginación
creaba estos espantosos escenarios que aterrorizaban a Arturito, es decir, él
era su propio enemigo.
Esta teoría después fue rechazada por Doménica por dos
razones, la primera era que este tipo de enfermedad mental era característico de
personas que habían matado y que sentían muchísima culpa, estas personas
sentían que debían ser castigadas por lo cual ellas mismas creaban estas
pesadillas para sufrir, pero esto no puede ser aplicable a Arturito, él no
había lastimado a nadie como para sentir este sentimiento de culpa y la otra razón
es que los escenarios que relataba Arturito eran demasiado complejos, tenían
demasiado detalle como para que sean el resultado de su imaginación.
Doménica había llegado a otra conclusión, una en la que ella
creía fervientemente, lo que tenía Arturito era una mezcla entre recuerdos y
pesadillas; los escenarios que Arturito veía eran de un lugar en donde algo traumático
le había ocurrido, cuando dormía recordaba estos escenarios y recordaba el
sentimiento que tuvo cuando este evento traumático sucedió pero eso no era
todo, estos escenarios muchas veces eran distintos pero todos tenían algo en
común, en ninguno había luz, Arturito afirmaba que lo que más lo asustaba era
que a penas podía ver lo que pasaba porque estaba demasiado oscuro lo que había
hecho que el niño desarrolle Nictofobia, en otras palabras, terror a la
oscuridad.
Los padres alarmados por lo que habían escuchado de Doménica
casi ofendidos afirmaron que Arturito no había tenido nunca una experiencia
traumática, nunca se había lastimado de gravedad, nunca se había enfermado de
gravedad, nunca había presenciado violencia, afirmaron ser buenos padres y que
lo más cercano a una experiencia traumática era la película que habían visto.
Doménica al ver esta reacción de los padres de su paciente propuso que si
estaban seguros que las pesadillas no eran recuerdos, entonces lo mejor que
ella podía hacer es tratar a Arturito por su nictofobia que estaba segura de
que padecía.
Las sesiones continuaron y después de un par de meses por
fin los resultados comenzaban a aparecer, de vez en cuando Arturito se
despertaba gritando pero la mayoría de las veces podía tranquilizarse por si
solo hasta que se volvía a dormir, lamentablemente las pesadillas no pararon ya
que sus padres al no aceptar que estas eran el resultado de un trauma no
permitieron que Arturito reciba tratamiento adecuado, sin embargo, al recibir
el tratamiento para su miedo a la obscuridad las pesadillas ya no eran tan
atemorizantes lo cual hacía que Arturito valientemente pueda tener una vida
regular.
El tiempo pasó y las pesadillas se volvieron parte de la
vida de Arturito, nunca pudo deshacerse de ellas, Arturito creció y se
convirtió en Arturo, se mudó a la capital de su país y comenzó a estudiar la
carrera de Derecho igual que su padre, consiguió un apartamento pequeño muy
cerca de su universidad y hacía lo posible por llevar una vida sin sobresaltos
a pesar de su peculiar problema siempre recordando las últimas palabras de
Doménica en su última sesión antes de su viaje que advertían que su tratamiento
no estaba completo, ella seguía pensando que algo muy traumático le había
pasado y que sus padres se lo ocultaban.
Arturo siempre estuvo de acuerdo con sus padres, él sabía
que no le había ocurrido nada traumático y que a pesar de que Doménica lo había
ayudado mucho, en esa parte de su diagnóstico se había equivocado.
Arturo como es común en una universidad conoció a una chica
en una de sus clases. Se llamaba Karla y con tiempo se ganó la confianza de
Arturo hasta el punto en que no dudó en contarle sobre su peculiar problema con
lujo de detalles. Le habló sobre sus pesadillas más frecuentes, sobre las
escenas que más lo perturbaban, esa escena en donde se veía a si mismo en el
suelo incapaz de moverse en una habitación muy oscura con paredes de color
anaranjado, con una alfombra verde, una habitación muy grande con muchas
sillas, Arturo se veía a si mismo recostado en la alfombra, inmóvil pero lo que
más le aterraba de este tétrico escenario es que en algún lugar de esa
habitación había algo, estaba demasiado oscuro como para poder ver pero Arturo
podía sentir que esa insoportable tiniebla ocultaba algo, algo a lo que él le
tenía terror, de vez en cuando podía oírlo caminando lentamente con paso ebrio
y tambaleante, de vez en cuando desprendía un hedor insoportable como a carbón o
azufre, Arturo hacía lo posible por levantarse y huir de ese lugar pero su
cuerpo simplemente no respondía estaba ahí inmóvil sin ningún tipo de reacción
mientras esa cosa rondaba cerca de él.
Su nueva amiga lo consoló pero Arturo no buscaba eso, solo
se sentía feliz de tener con quién compartir esa información, de tener alguien
en quién confiar y así siguieron juntos por más de un año cuando llegó la noche
en donde todo cobró sentido, en donde la vida le dio a Arturo la explicación
que había buscado toda su vida.
Fue en las tempranas horas de la madrugada, cerca de las 3
de la mañana cuando una llamada lo despertó, Karla en tono desesperado estaba
al otro lado de la línea telefónica implorando por ayuda, entre jadeos y
llantos Arturo pudo entender que algo había ocurrido en la universidad, que
Karla necesitaba ayuda y que debía apresurarse.
Poco antes de entrar en la universidad su celular volvió a
recibir una llamada, era Karla ahora más clamada pero aún muy asustada, alguien
había entrado a la universidad, alguien armado, ella había encontrado uno de
los guardias de la universidad muerto, había tomado su arma y se había
escondido en la biblioteca, Arturo le dijo que no se moviera y que él la iba a
encontrar para sacarla de la universidad, de inmediato llamó a la policía y en
contra de lo que la operadora al otro lado de la línea había recomendado entró
a la universidad a ayudar a su amiga.
Arturo sabía que
Karla lo iba a esperar en la biblioteca
por lo que fue directamente a investigar pero por más que buscó no pudo
encontrarla, Karla no estaba ahí, desesperadamente corrió por los pasillos revisando
salón por salón, aula por aula hasta que finalmente lo encontró.
Lo reconoció
de inmediato y aún así lo reconoció demasiado tarde, a penas se dio cuenta de
en dónde estaba sintió cómo entraban en su cuerpo bala tras bala, herida tras
herida, se desplomó en el suelo y por primera vez pudo sentir la textura de la
alfombra verde, también pudo ver salpicaduras de su propia sangre en las
paredes anaranjadas y entendió por qué por más que intentaba no podía moverse,
sus músculos no respondían porque estaba a punto de morir, y la respuesta a lo
que se había preguntado por tantos años apareció, el olor a azufre era la
pólvora quemada, las heridas lo habían dejado inmóvil y de la obscuridad
apareció el monstruo que tanto había temido.
La expresión de Karla
con el arma aún apuntando hacia su víctima era terrorífica en si, sus manos se
temblaban hasta que el arma se desprendió y cayó al suelo cuando se dio cuenta
de lo que había hecho, se arrodilló cerca de donde Arturo se estaba desangrando
y comenzó a hablar, seguramente algún tipo de disculpas pero Arturo ya no
estaba ahí, Arturo se veía a si mismo desde afuera de su cuerpo tal y como
pasaba en sus pesadillas y fue ahí que entendió por completo.
Toda su vida lo había atormentado este momento, este
traumático momento, Doménica tenía razón en su teoría excepto por una cosa no
era algo traumático de su pasado lo que lo trastornaba durante sus sueños sino
que era lo que le iba a suceder lo que no lo dejaba en paz, al parecer lo
sueños no solo pueden hacer revivir eventos del pasado sino que también pueden
hacer vivir eventos del futuro.
Arturo desde que era un niño había soñado con el día de su
muerte, a pesar de haberlo visto una y otra vez, cuando finalmente llegó no
pudo hacer nada al respecto, la muerte anunció su llegada muchos años atrás y
Arturo la recibió tal y como lo hace la mayoría, caminó directamente hacia
ella.
¿Qué había matado a ese guardia? ¿Qué iba a pasar con Karla
cuando llegue la policía? ¿Había alguien más armado en la universidad? Ya nada
de eso importaba en la mente de Arturo.
En sus segundos finales de vida Arturo sintió cierto alivio,
pues por fin el misterio había desaparecido, la vida le dio las respuestas que
tanto buscaba segundos antes de su muerte, era al menos una consolación para
alguien que había visto y sufrido su propia muerte miles de veces a lo largo de
su vida.
Todos los cuentos están debidamente registrados
Alex Samaniego
Todos los derechos reservados
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